A lo largo del tiempo, México, como muchos otros países, ha sufrido transformaciones urbanas considerables con un gran impacto ambiental y social. Un ejemplo claro es la construcción del Gran Canal durante la época precolombina y consolidada en el porfiriato.
Este proyecto vino a fraccionar aún más y de manera progresiva, la zona oriente de la ciudad. Con el paso del tiempo, el Gran Canal tuvo modificaciones que dejaron una ruptura del tejido urbano ocasionada por los muros que contenían el predio, detonando un aislamiento poblacional entre los barrios de la zona, con una única conexión limitada a un puente peatonal.
Además, existía una carencia de iluminación pública, lo que dio lugar a la inseguridad, incentivando prácticas nocivas como el alcoholismo y la drogadicción, además de convertirse en un espacio para el vertedero de basura.






